top of page
Buscar

Masculinidad, deporte y silencios emocionales en adolescentes de alto rendimiento


Históricamente, a los hombres se les ha enseñado que mostrar emociones era signo de debilidad. La masculinidad tradicional ha estado asociada al control, la resistencia, la autosuficiencia y la capacidad de soportar el dolor sin mostrar fragilidad.


Aunque socialmente esto está cambiando, muchos adolescentes siguen creciendo con la idea, más o menos explícita, de que un chico debe aguantar, competir y resolver el solo lo que le pasa por dentro.


En los últimos años la salud mental esta mas presente en el deporte. Se habla más de ansiedad, presión, burnout o bienestar emocional. Sin embargo, en la práctica clínica diaria sigue apareciendo una diferencia clara: las chicas consultan mucho más que los chicos.


La explicación facil suele ser que “las chicas expresan más las emociones”. Pero probablemente la realidad es bastante más compleja.


Trabajando con adolescentes deportistas de alto rendimiento, uno observa que muchos chicos sí sufren psicológicamente, pero rara vez llegan a consulta diciendo: “estoy mal emocionalmente”. El sufrimiento suele aparecer disfrazado de otra cosa.


Consultan por:

  • bloqueo competitivo,

  • pérdida de rendimiento,

  • lesiones mal gestionadas,

  • problemas de concentración,

  • irritabilidad,

  • apatía,

  • exceso de presión,

  • conflictos con entrenadores,

  • cansancio,

  • o sensación de haber perdido la motivación.


Todo lo relacinado con la esfera emocional aparece más tarde, si aparece.


Muchos chicos pasan semanas o meses hablando únicamente de deporte, resultados o entrenamientos. Y solo cuando se crea un espacio seguro es cuando se permiten poder hablar de lo que realmente les preocupa y salen pensamientos de este tipo:

  • “siento que no estoy a la altura”,

  • “ no puedo decepcionar”,

  • “no puedo fallar”,

  • “si juego mal siento que no valgo”,

  • “no puedo hablar de esto con nadie”,

  • o “nunca me havia atrevido a explicar esto”.


No es que no haya  malestar. Es que hay mucha dificultad para poder verbalizarlo.

En muchos chicos sigue existiendo una idea implícita muy potente: el chico debe aguantar. Debe demostrar. Debe controlar. Derrumbarse emocionalmente continúa asociado, de forma más o menos consciente, a debilidad o fracaso.


En deporte esta presión se multiplica. El deportista no solo compite; también representa una imagen. Fortaleza, sacrificio, disciplina, resiliencia. Y muchos chicos aprenden muy pronto que mostrar vulnerabilidad puede traducirse como perder valor dentro del grupo, del equipo o incluso frente a sí mismos.


Hay chicos capaces de competir lesionados delante de cientos de personas, pero incapaces de decirle a alguien que llevan semanas sintiéndose desbordados.


Por eso el sufrimiento muchas veces se desplaza.


Hay chicos incapaces de decir “tengo ansiedad”, pero que pasan horas aislados jugando a videojuegos. Otros no hablan nunca de tristeza, pero reaccionan con irritabilidad constante. Algunos se bloquean completamente en competición sin entender qué les ocurre. Otros mantienen una imagen aparentemente fuerte mientras internamente viven con miedo intenso al fracaso o a decepcionar.


Paradójicamente, algunos de los adolescentes más rígidos emocionalmente son también los más autoexigentes y responsables. Chicos acostumbrados a rendir, cumplir y sostener expectativas. Jóvenes que han aprendido a funcionar, pero no necesariamente a reconocer qué les pasa por dentro.


Mientras tanto, muchas chicas llegan antes a consulta y suelen tener más facilidad para identificar emociones, pedir ayuda o verbalizar inseguridad. Esto no significa que sufran más, sino que culturalmente tienen mayor permiso para ocupar ese lugar emocional.


El problema es que muchos chicos solo reciben legitimidad cuando el malestar ya es muy visible:

  • bajo rendimiento,

  • conductas disruptivas,

  • aislamiento extremo,

  • consumo,

  • lesiones,

  • o derrumbes importantes.


Hasta entonces, el sufrimiento suele quedar oculto bajo una apariencia de normalidad o fortaleza.


Y quizá ahí exista uno de los grandes retos actuales en salud mental y deporte: construir modelos de masculinidad donde los chicos no tengan que elegir entre ser fuertes o mostrarse vulnerables.


Porque detrás de muchos silencios masculinos no hay vacío emocional.Hay miedo a dejar de sostener la imagen de fortaleza que sienten que deben mantener.


José Molero

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page